29 octubre 2017

Los chinos ya venden jamón y aceite de oliva

La crisis cierra negocios, destruye empleos y disuade incluso a los más audaces. Pero no a todos. Hay un pequeño grupo de ciudadanos inmunes al desánimo económico, a las cifras negativas, a las dificultades del crédito. En el último año y medio el Régimen de Autónomos de la Seguridad Social (RETA) ha perdido más de 180.000 cotizantes netos, el dato más negativo de los últimos 30 años. De ellos, casi 21.000 eran extranjeros. Pero seguro que ninguno era chino. Porque, de hecho, la crisis ha convertido a los inmigrantes del gran país asiático en el grupo foráneo más numeroso del Régimen de Autónomos. Cada vez hay más emprendedores orientales: en septiembre eran 26.626, según destaca la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), un 11,5% más que hace 12 meses.

La cifra no es despreciable si se tiene en cuenta que entre los rumanos, hasta ahora el primer colectivo de inmigrantes por número de afiliados al RETA, se han dado de baja en el último año 20.080 autónomos, dejando su censo reducido a la mitad. Buena parte de ellos se dedicaba a los trabajos auxiliares de la construcción, que los ha arrastrado en su caída; otros han regresado a su país alentados por los planes de retorno voluntario del Gobierno, y muchos, al ser reconocidos como trabajadores comunitarios, se han convertido en asalariados, explica una portavoz de UPTA.

Aunque la del autónomo no es, desde luego, la única fórmula utilizada por los inmigrantes chinos para ganarse la vida en España. «Cada vez creamos más sociedades limitadas», explica Chen Shengli, vicepresidente de la Asociación de Chinos en España.
«Somos más luchadores, por una cuestión cultural», presume Chen, «y cuando hay crisis, trabajamos más, ampliamos nuestra gama de productos, reducimos los márgenes de beneficio y damos mejor servicio para luchar contra la competencia». Una portavoz de la Asociación de Jóvenes Empresarios Chinos de España, que no quiere dar su nombre, lo explica por su incapacidad para el desaliento: «Si nos sale mal un negocio, cambiamos por otro». «No nos rendimos y arriesgamos bastante», recalca Chen. Además, dice, para los chinos es primordial la idea de dejar dinero a los hijos. De ahí que China posea la tasa de ahorro nacional más alta del mundo, casi el 40%.

Aunque, matiza la joven empresaria, no es cierto que la crisis no les afecte: «Comprar en China también es más caro ahora [buena parte de ellos se dedica a la importación/exportación], y los bancos aquí nos piden más papeles que antes». «El grifo del crédito», añade Chen, «se ha cerrado para todos». La diferencia estriba en que los chinos se prestan dinero entre ellos y la familia siempre acude al rescate financiero de sus miembros cuando hay problemas.

Además, los orientales han demostrado una capacidad de adaptación fundamental en su receta mágica para el éxito. Boutiques de moda, tiendas de calzado, ópticas, gestorías, tiendas de informática, agencias de viajes... Ya no se trata sólo de restaurantes y Todo a 100 o la versión china del ultramarinos abierto casi las 24 horas (un nicho de mercado que supieron explotar casi en exclusiva). Chen Shengli, por ejemplo, dirige una empresa de sanitarios y mobiliario de baño de diseño.
Aunque no es el único cambio. «Hace 30 años, los inmigrantes procedían de zonas pobres de China y sólo montaban restaurantes. Ahora cada vez llegan más estudiantes y turistas, pero también hombres de negocios e inversores. Gente preparada, que habla inglés. Ya no vienen sólo a trabajar por un sueldo mejor», señala Chen. Además, ha irrumpido la segunda generación de inmigrantes, jóvenes que dominan el español, participan en las instituciones y, recalca el empresario, quieren acabar con la imagen de opacidad y distanciamiento que ha sufrido hasta ahora su comunidad.

Hace casi dos años, el presidente y el vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios Chinos en España se presentaron en la sede de Comess Group en Madrid y ofrecieron a la cadena española dueña de las Tabernas Lizarrán abrir un local en China. Xufeng Zhou y Ge Ye tienen la doble nacionalidad. «Sus padres vinieron en los 80 y montaron restaurantes. Así que conocen la hostelería porque es lo que han vivido. Después se dedicaron a la exportación/importación (tienen tres oficinas comerciales en China) y ahora aportan su experiencia adquirida aquí para implantar el negocio en su país. Además, están vinculados con la clase política china y tienen una relación muy directa con la Administración», subraya el director general de Marketing de Comess Group, Joan Manel Gili. Hasta septiembre han abierto dos locales, ambos en Suzhou, a 80 kilómetros de Shangai, que facturan millón y medio de euros anuales. El contrato prevé la apertura de 50 tabernas en 15 años. Dos extremos geográficos y culinarios se dan la mano: el 40% de los 'pintxos' que se comen en Suzhou no llevan pan y, en lugar de contar los palillos antes de cobrar al cliente, se cuentan... las cucharitas de porcelana sobre las que se sirve la tapa. Mientras el jamón se importa de España, los ingredientes perecederos se compran allí.

Y es que un mercado de 1.300 millones de personas es un bocado muy apetitoso. Los 148.253 inmigrantes chinos en España son una eficacísima puerta de entrada a un país donde las diferencias culturales y legales pueden dar al traste con cualquier intento de aproximación empresarial. Así lo entienden La Caixa, Caja Madrid o el BBVA, que han contratado empleados chinos para atender a sus compatriotas en las sucursales de los barrios con mayor presencia inmigrante (tres Caja Madrid, más de 16 La Caixa). «El cliente chino es más fiable», asegura Chen Shengli, «siempre cumple, nunca debe dinero a los bancos; antes se lo pide a la familia».

De ahí que La Caixa haya incluido el chino en sus servicios de banca 'on line' y en los cajeros automáticos, donde pueden usarse ya las tarjetas de China Unionpay. De hecho, la caja catalana presume de tener hasta 77.000 clientes chinos. Y ha abierto un Centro de Apoyo al Negocio con Asia en Barcelona. El equipo gestor es oriental. Y sus clientes, empresarios asiáticos con relaciones comerciales en ambos extremos del planeta. Chen, por ejemplo, exporta a China el vino del Real Madrid y dice que otros compatriotas venden aceite de oliva e incluso jamón.

El objetivo es doble: La Caixa, a través de Criteria, posee el 9,85% de The Bank of East Asia, el quinto mayor banco chino. Y el BBVA participa con un 10% en el Citic Bank, el séptimo del 'ranking' local.

17 septiembre 2017

La Fashion Nightout el antidoto contra la crisis

A pesar de los escombros, zanjas, terraplenes y destrucción que es hoy el centro de Madrid, arrasado por los bulldozer de Gallardón, la Milla de Oro se echó a las calles el jueves para celebrar la Fashion NightOut, una fiesta organizada la misma noche en todos los lugares de el mundo.

Tiendas abiertas hasta la madrugada, gente de una boutique a otra, champán y cócteles exóticos por doquier. Un botellón elegante, obligado por el calor de una noche con temperatura tropical.
La idea de la revista Vogue ha tenido un éxito extraordinario en todas partes. En Madrid, las alfombras rojas delante de cada tienda tapaban las heridas de las aceras pero recorrer le tapis rouge con taconazos era apostar por un esguince seguro.

Así todo, la gente se puso guapa y tomó las calles del Madrid glamuroso. Ha sido la primera vez en mucho tiempo que se veía optimismo, alegría y ganas de fiesta, seguramente para contrarestar las pésimas noticias económicas. Y es que seguimos cuesta abajo mientras el resto del mundo se recupera.

Fue una noche de reencuentros después de un verano de ausencia. María Zurita, en la peletería de Nelsy Chelala, hablaba de vacaciones mágicas con amigos en La Provenza. Jaime de Marichalar, en la tienda de Manolo Blahnik, contaba que pasó las suyas en los Hamptons. Después de su chequeo rutinario con Valentín Fuster en Nueva York, volvió a las elegantes playas del este de Long Island, donde tantos veranos disfrutó con la Infanta y sus hijos. Más tarde, pasó cinco días en Marbella, invitado por Ana Gamazo y Juan Abelló, para acabar en Soria con toda la familia. El duque de Lugo no sale de su asombro cuando le llegan cotilleos de que piensa irse vivir a París. «No tengo ninguna intención de irme de España, ¡qué disparate!»

Laura Ponte pasó por la noche de la moda de puntillas, con su amigo el modista Miguel Palacio. Sus primeras vacaciones en solitario han sido discretas y anónimas. Ni una sola foto, ni un paparazzi cerca de la casa que alquiló en Calviá para que sus hijos estuvieran cerca de la que tiene la Infanta Pilar en Mallorca.

También hubo moda y diversión en Logroño, donde celebraron la nueva edición de El Rioja y los cinco sentidos, entre otros eventos culturales, con una exposición de Charo Peres y sus vestidos de fiesta en las bodegas Darien.

La modelo Mireia Canalda paseó su belleza por la bodega de aire futurista. La alianza de moda y vino, el mejor antídoto contra la crisis.

07 agosto 2017

Los modistos de Letizia

Muchos sostienen que la moda le trae al fresco a la Princesa de Asturias. Yo pienso que algo le interesará, ya que no existe una sola mujer, al menos que sea una monja jansenista, que no siga con interés cada temporada las propuestas de París, Milán o Nueva York.

Sea cual sea la verdad, hay que reconocer que está siempre impecable con sus conjuntos firmados por Felipe Varela, sobre todo este otoño cuando su estilo, uno sobrio alegrado por toques femeninos, parece haberse definido por fin. Cuentan que media población femenina ha corrido a las tiendas esta semana a comprarse las ajustadas rebecas que llevó para su visita a Ifema o para sus audiencias más recientes en el palacio de la Zarzuela.

Hay que reconocer que la labor que esta haciendo Doña Letizia por la moda española es encomiable, sobre todo en verano cuando combina sus Varela con el prêt-à-porter de marcas como Adolfo Domínguez, Mango o Armand Basi.

Y, aunque no me entusiasman sus zapatos de plataforma y peep toes que bauticé letizias y varios imitadores convirtieron en letizios, debo decir que comprendo que la revista Vanity Fair que dirige Graydon Carter la incluyese en su Hall of Fame hace tres meses.
Por eso no entiendo como una mujer ávida de fama a la que no nombraré, el colmo del arribismo y la cursilería, diga públicamente que la Princesa de Asturias parece un avestruz. Sobre todo, cuando los excesos sartoriales de este personaje nos recuerdan siempre a La Loca de Chaillot de Jean Girodoux, pero en versión drag. Tiene suerte de vivir en el siglo XXI y no en el XVI cuando la habrían ajusticiado por lesa majestad o marcado con la flor de Lis como a Milady De Winter o Jeanne de LaMotte-Valois, la del affaire del collar.

Cuentan que Doña Letizia ha recibido esta semana un libro editado a la mayor gloria de la Asociación de Creadores de Moda de España (Acme), colectivo subvencionado muy generosamente hasta hace muy poco por la Comunidad de Madrid. Lleva por título Geografía de la moda española y me imagino que la Princesa se quedará algo extrañada al hojearlo, ya que sus dos couturiers favoritos, Lorenzo Caprile y Felipe Varela no vienen en este atlas. Como tampoco ninguna de sus marcas veraniegas habituales, Domínguez, Basi y Mango o grandes nombres internacionales como Purificación García, Custo Dalmau, Hannibal Laguna y Josep Font, único español presente en la Semana de la Haute Couture de París.

Los sombreros y tocados que crea el peluquero de políticas y actrices fueron los más espectaculares de la boda de Myriam García Yébenes. La empresa de Fuensanta Más y Mayte Fernández Ordás nos sorprende siempre con la decoración y el arte floral que realizan para las bodas. La última en el Soto de Mozanaque inspirada en una antigua toile de Jouy, fue espectacular.

24 julio 2017

La moda deteriora las neuronas

Bolsos a 30 euros para las primeras 100 pesadas. ¿Quién iba a resistirse a eso? Servidora, imposible. Y dos millones de madrileñas, tampoco. Lástima que no tuviera una metralleta cerca. Que no fuera también la noche de los narcotraficantes de armas. Entendí también a esos pobres psicópatas norteamericanos que, de repente, entran en un McDonalds y se cargan medio Wichita... 

Les pasa lo que a mí anoche, que viven una frustración. 170 tiendas abiertas hasta las 12 de la noche, con todos sus oropeles y lentejuelas al alcance de una urraca comme moi y la american más tiesa que una mojama. Menos mal que estaba à côte de Carmen Lomana que es como el escaparate de Tiffany's NY, un lugar donde nada malo te puede ocurrir porque, en el de Madrid ni entrar me dejaron. Fuerte. Pero no me importa porque Lomana tiene una colección de birkins que te puedes morir y siempre podrá prestarme uno. 

Es maravilloso ser amiga de Carmen. Puedes ir vestida como una mamarracha que su luz te hace resplandecer a ti. Eso es generosidad divina. Se compró una pulsera de carey por la que Alaska y yo éramos capaces de matar. Y Pedro Almodóvar también. Que tiene una luxación el pobre. En el brazo. No podía ni señalar los cuadros de Juan Gatti que decoraban la boutique. Como Angel Schlesser que le faltaba el collarín para recibir. Luxado también y a sazón. A Blanca Martínez de Irujo, a Ailanto... Que por cierto, la ex de Fran Rivera ya podría habernos avisado de que Cayetano no iba a pisar por Armani porque hicimos cola hasta dejarnos los tacones pelados. 

Menos mal que Dios me iluminó y no se me ocurrió ponerme los de Cari Lapique que, en la puerta de Suárez ya abandonada por Naty y su Oscar de la Renta floreado, me mostró unos stiletto, lo último de Nicholas Kirkwood, que ni en Tacones Lejanos por recordar al manchego que, en Elena Benarroch dio besos pa' aburrir a Felipe González, Millán Salcedo, que también lo tuve debajo de casa en Azul y Tierra, o a Loles León acabando las reservas mundiales de jamón. Ibérico. Muy rico. Por cierto. Nuria March en Diane Von Fustemberg ni lo probó. Ella se lo perdió. Se quedaría muerta en Perodri como servidora ante los obreros chulazos que descubrían un rubí en plena obra. 

Pero yo me quedo con los de Chopard, en donde había lotería de diamantes, allí fue donde Carmen, ella incólume, yo, sudada como Camacho, me dijo una verdad para la que no estaba preparada: «¿El shopping? Te deteriora por momentos». Ya me lo dijo Patricia Field en Nueva York. «Te quedarás en manjatan para la Noche de la Moda. Pongo todo mi stockaje a precio de saldo». Y ahí estuve yo para decirle que en disfraces Menkes también y que no por eso iba a hacer noche en Mesonero Romanos.

17 junio 2017

Los gorrillas no reciben subvenciones

Se juegan la vida parando coches en medio de la calle. No importa si los conductores quieren aparcar o no. Los gorrillas intentan convencerles. «Antes no era así, había pocos. Y uno puede ganarse la vida aquí tranquilamente, pero no tantos...», afirma un vecino del barrio del Pilar. «Un amigo contó más de 70 de ellos entre el puente de la Paz y las Urgencias del Ramón y Cajal», añade.

Pero el servicio no es gratuito y tiene un precio mínimo. «Hay que pagar y, si uno da menos de un euro, ellos amenazan. Si es una chica joven o alguien mayor, se juntan tres o cuatro para exigir el dinero», cuentan los vecinos. Quien se resiste a dejar su moneda puede encontrarse con una sorpresa al volver: «cristales o espejos rotos y la pintura rayada». Los vecinos dicen que los gorrillas son un fenómeno reciente en la zona, pues llevan unos dos años. «Se aprovechan de la fragilidad de las personas que vienen al hospital», critican.

En Madrid, esta actividad no se hace sólo en la calle San Modesto, junto al Ramón y Cajal. Afecta a otros hospitales y a parques y lugares donde se celebran actos masivos, como conciertos o partidos de fútbol. También hay gorrillas en la plaza de la Cebada o en la cuesta de la Vega, por ejemplo. Siempre que hay una gran concentración de coches, ellos aparecen entonces para señalizar el hueco. El problema es que, además de exigir el pago, algunos gorrillas se inventan plazas de parking inexistentes para recibir algunas monedas más. Aparcan los coches en doble fila, en la acera y frente a los garajes. Si algún vecino que no puede salir se queja al conductor del vehículo mal aparcado, la respuesta suele ser la misma: «Pagué al negrito por este lugar», según relatan los residentes.

Raúl (nombre ficticio de un vecino que teme represalias) afirma ya haber denunciado el caso a la policía y cree que los gorrillas son «protegidos por una ONG». «Por eso no se toma ninguna medida», opina. Además, critica su buena organización: «Ellos hacen turnos. Llegan a la calle alrededor de las 7.00 horas y después de las 14.00 horas se quedan solamente uno o dos de guardia», dice. «No sé si a lo mejor tienen otro empleo o si salen a aparcar coches en otro lado. Pero seguro que rinden cuentas a alguien», concluye.

Los vecinos piensan que la actividad es lucrativa, aunque los gorrillas lo nieguen. También sospechan que los grupos de aparcachoches aprovechan el lugar para dedicarse a otros negocios, como drogas y prostitución. El dueño de un establecimiento comercial cuenta que antes les dejaba entrar para ir al baño o beber agua. Luego, el número de personas «aumentó demasiado» y no pudo dejar que todos entraran. Sufrió represalias. «Han intentado hundir mi negocio. Para vengarse, tiraban su basura contra mi local», añade. Otra vecina no establece una misma característica para los aparcacoches. «Hay de todo. Los que amenazan, los que no, los que piden un euro, los que aceptan lo que sea...», señala. «Yo tampoco trato a todos de la misma forma. Hay uno que ya conozco y es majo, al que siempre pago. A los otros, no les doy».

Nana es un ejemplo de esa diversidad. Aparca coches en la calle San Modesto desde hace un año, cuando llegó desde Ghana. «Acepto lo que venga, sea 20 céntimos o 10 euros», garantiza. A él no le gusta su actual manera de ganarse la vida, pero cree que está en ello temporalmente. «No quiero pedir limosna, quiero un trabajo, una vida normal. Pero, para eso, tengo que esperar mis papeles», confiesa.

La mujer sonríe para el cliente que llega, le pide una colaboración y recibe un euro. Sabe que no es saludable trabajar de sol a sol en el verano madrileño. «No tengo otra opción. Y necesito comer», añade. Sin embargo, cada día busca una manera de ejercer mejor su actual actividad. «Hay que ser gentil, abrir la puerta, intentar hablar», dice el subsahariano, que apenas habla español.

El gorrilla asegura que no posee ninguna ayuda, ni el apoyo de ninguna ONG. Su sueldo medio diario: 11 euros, aunque «depende mucho. Una vez, una mujer me dio 10 euros porque dijo que a ella le encantaba mi país».
Pero el comportamiento de Nana no es el común. Algunos intimidan, pidiendo su impuesto con cierta violencia. Por eso, los conductores dejan la moneda preparada antes de salir del coche, para evitar cualquier problema. A los vecinos que conocen, los aparcacoches no les piden dinero. «¿Cómo vamos a pagar si entramos y salimos 20 veces al día?», pregunta retóricamente un señor que vive junto al Hospital Ramón y Cajal. «Pero ellos nos insultan por la espalda en una lengua que no se puede entender», añade.

No se tarda mucho en comprobar las palabras del vecino. Llega un coche azul. El gorrilla se aproxima corriendo, cantando. Al acercarse, nota que la conductora vive en la zona, frena su carrera y no le pide nada. La chica, por otro lado, sale lo más rápido que puede del coche, recogiendo descuidadamente su bolso y algunos libros.
Cuando pasa la policía, el desagrado cambia de lado. De cinco gorrillas que vigilan un portal, cuatro huyen y sólo uno se queda. «A lo mejor tiene papeles», opina un vecino que pide más compromiso del Gobierno. «Es muy triste que, en el año que estamos, algunos tengan que jugarse la vida en pateras para llegar aquí. Que vengan como se tiene que venir y puedan vivir con normalidad», exclama.

Discusión. Cuatro 'gorrillas' charlan a la entrada de un edificio. Llega un quinto aparcachoches que les habla con violencia en inglés. Sus compañeros no osan enfrentarse a él y se callan, como muestra la foto.

¿Jefe? «Quien 'aparca' el coche recibe el dinero», afirma un 'gorrilla'. Cuando es interpelado sobre quién es su jefe, su mirada se desvía hacia los lados y su voz baja de tono. «No lo tengo, trabajo para mí», contesta.

19 mayo 2017

Que significa el puño alzado

El libre pensador me llama:
-¿Oyó usted -nos llamamos de usted- lo de Rajoy sobre las jóvenes y no obstante jefazas socialistas Leire Pajín y Bibiana Aído levantando el puño? ¿Por qué no lo comenta en su periódico?

-El periódico no es mío. Yo soy una humilde coartada de izquierda sensata en un diario de derechas, lo cual es mejor que ser una coartada de derecha extrema en un periódico de izquierdas. Si es que los hay. Eso ocurrió la otra semana y ahora lo que tocaría es comentar el Onze de Setembre...

-¡La fiesta nacional de una nación que no existe! Una sandez mucho mayor que la del puño y La Internacional: se comenta sola. A mí me pasma que el señor Rajoy, con su pinta de notario de cabello teñido del mismo color castaña que Berlusconi, diga que lo de esas chicas le parece «antiguo». Claro que es antiguo: decimonónico, como él. Lo grave es la pregunta que viene después: ¿qué pasaría si algunos militantes del PP o de otro partido aparecieran en público haciendo el saludo fascista?

-Eso ya lo glosó un editorial de este periódico. Alzar el brazo con el puño cerrado o la mano extendida simboliza violencia. Que es lo que define al fascismo, añado: blanco, azul, negro, pardo o rojo. Poniéndole nombres y cifras: Hitler, seis millones de judíos (y gitanos, siempre los olvidan); Stalin, 20 millones de rusos; Mao, 80 millones de chinos...

-Vale, sí, puño o mano alzada -incluso escondiendo el pulgar y abriendo los otros dedos para formar cuatro barras de sangre- simbolizan violencia física y son un anacronismo. ¿Pero qué me dice del sometimiento a normas vestimentarias o de comportamiento? Hincar levemente la rodilla cuando se saluda a la reina, inclinar la cabeza ante el rey, poner el Rey con mayúscula cuando nos referimos al de España y en cambio el rey (con minúscula) de Suecia? Arrodillarse en la iglesia, prosternarse como los musulmanes, ponerse kipa como los judíos; dirigirse al rey como Majestad mientras él suelta: «¿por qué no te callas?»; llevar traje azul oscuro y corbata mientras se critican los uniformes; proclamar que uno se siente català fins al moll de l'os o español hastra las cachas: dictaminar que la escuela funciona mal porque los alumnos tutean a los profesores y no ser cesado ipso facto como Defensor del Pueblo...

-¿Dónde quiere ir a parar?, observe que le llamo de usted
-A esto: levantar el puño es anacrónico, pero aceptar todo eso es seguir cantando el himno carlista: «Por Dios, por la Patria y el Rey murieron nuestros padres, por Dios por la Patria y el Rey moriremos nosotros también.»

-Al menos es una versión no heroica del himno.
-Sí: pacífica y resignada.

18 abril 2017

Los gitanos ricos de Rumanía

Un policía empuña un arma mientras avanza entre los escombros de una casa. No busca terroristas ni delincuentes. Su misión es asegurarse de que, tras la orden de desalojo, los residentes hayan abandonado su hogar: no habían pagado la hipoteca. Consecuencias de la crisis económica en Estados Unidos. Esta fotografía, tomada por Anthony Suau para la revista Time, ha ganado el primer premio del concurso World Press Photo, los Óscars del fotoperiodismo que otorga la histórica fundación creada en Holanda en 1955.

La muestra World Press Photo, un repaso a la actualidad con imágenes realmente cruentas, que cada año ven dos millones de espectadores en 95 ciudades de todo el globo, aterriza en el CCCB hasta el 13 de diciembre. Si el año pasado recibió más de 35.000 visitantes en poco más de un mes, en 2009 espera repetir el mismo éxito aunque, por primera vez, la exposición sea de pago (4,50 euros). Cosas de la crisis: este año, la fundación Photographic Social Vision no ha encontrado patrocinadores para la exposición. «Sabemos que asumimos un riesgo con la venta de entradas pero como la exposición ya está consolidada, esperamos repetir los mismos números, o incluso superarlos, que los otros años», reconoce Silvia Omedes, directora de Photographic Social Vision, la fundación sin ánimo de lucro que trae anualmente el World Press Photo a Barcelona.

Entre los 62 fotógrafos premiados, sólo hay un nombre español: Pep Bonet, que viajó a Honduras para realizar un reportaje sobre los transexuales que ejercen la prostitución. Sus fotografías muestran una realidad desagradable al acomodado ojo de la clase media occidental. Más desagradables resultan aún los conflictos lejanos, que nadie quiere ver. Pero en World Press Photo son como un derechazo a la mandíbula: el hombre que llora desconsolado mientras se aferra al cadáver de su hermano con el telón de fondo de una casa en llamas, fruto de un bombardeo en Gori (Georgia); el rostro sin vida de un joven sepultado entre los escombros del terremoto de Beichuan (China) o la matanza indiscriminada en una estación de tren de la India, con muertos en el andén, en medio de charcos de sangre.

Pero también hay imágenes amables: el siempre sonriente Obama de campaña (haciendo gimnasia todo trajeado antes de un mitin), paisajes de ensueño en China, las casas de los gitanos ricos de Rumanía y Moldavia (una pura horterada de colores pastel, el colmo de lo kitsch); o una modelo a la carrera durante la semana de la moda de Nueva Delhi…