07 febrero 2016

Cate Blanchett con la espalda al aire

Espléndida, altísima, directa, honesta... Cate Blanchett no necesita interpretarse a sí misma, como tantas estrellas de Hollywood. 

A sus 43 años, sin nada que ocultar a la cámara, la actriz australiana desprende una naturalidad que intimida a las primeras de cambio, mientras mastica un sándwich vegetal y se prepara mentalmente para lucir esa espalda de vértigo con la que sorprendió en el estreno de El hobbit.

Curtida en el teatro, sin rival entre las actrices de su generación, Blanchett sigue recogiendo a estas aturas la cosecha de su tardío debut en el cine y de su calculada lejanía de Hollywood. 

La belleza va por dentro, y el secreto de su piel radiante, que la ha llevado a ser imagen de la firma cosmética SKII, lo atribuye también a su activísima vida familiar (tres hijos) y a su reencuentro con las tablas en su terruño de Sydney. Otro reencuentro, con Peter Jackson, marca ahora su esperado regreso a la gran pantalla, donde pronto la veremos a las órdenes de Terrence Malick y Woody Allen.

Más de 10 años después de 'El Señor de los Anillos' vuelve al papel de Galadriel en 'El hobbit'. ¿Cómo ha cambiado su vida desde la última vez que se puso las orejas picudas de elfa?

Ha sido una aventura extraordinaria, en lo personal y en lo profesional. Volver a rodar con Peter Jackson me ha servido para hacer balance de esta década, que para mí ha sido tremendamente feliz. Imagínate que entonces no era siquiera madre, y ahora he querido que mis tres hijos me arroparan en el rodaje en Nueva Zelanda… Como actriz, aquellos fueron también unos años muy intensos. Todo se aceleró después de Elizabeth, porque la verdad es que comencé en el cine muy tarde. Hasta los 25 me dediqué exclusivamente al teatro, y mi salto a la gran pantalla se dio más bien por una casualidad, nunca fue mi sueño.

¿Cambiaría algo en el 'guión' de todos esto años?

La verdad es que no, en todo caso algún papel menor en alguna película. Pero en general estoy contenta con mis decisiones.

Vivió un tiempo en Brighton (Gran Bretaña) y regresó hace seis años a su terruño de Sydney. ¿Nunca tuvo la tentación de afincarse en Hollywood?

No, jamás fue mi meca. He preferido vivirlo desde fuera, porque creo que así la relación es más sana. En Sydney he tenido además la ocasión de ejercer como directora artística de una compañía, que es como una gran familia de 150 miembros. Y, además, he tenido la suerte de hacerlo con mi marido [el dramaturgo y guionista Andrew Upton]. Para mí, lo personal y lo profesional ha estado siempre muy unido. He procurado alinear al máximo los dos caminos, y aunque ha habido momentos de caos, lo cierto es que al final lo he conseguido.

Hay gente que sigue considerando la maternidad como una carga, y más con tres hijos menores de 10 años…

En mi caso ha sido más un enriquecimiento. Ser madre me ha ayudado a ser mejor actriz y mejor persona. Te ayuda a tener claras las prioridades, te haces más pragmática. Es una experiencia incomparable y no la cambio por nada. He tenido que decir no a proyectos que, en circunstancias normales, habría aceptado. Pero también soy de las que piensan: Si esta vez no puede ocurrir, ya volveré a tener la oportunidad... Tomé la decisión de ajustar mi vida laboral a mi vida personal, y creo que todos, incluida yo misma, hemos salido ganando. Sinceramente, pienso que soy mejor actriz que hace 10 años. Sería tonta si no hubiera aprendido en todo este tiempo.

Usted misma criticó que los papeles para las actrices empiezan a declinar a partir de los 40 años. ¿Le siguen llegando ofertas tentadoras a los 43?

Este año he rodado con Woody Allen y con Terrence Malick (Caballo de Copas), así que no me puedo quejar. En cierto modo, lo veo como la recompensa por todos estos años consagrados, sobre todo, al teatro y a la familia. Pero es cierto que, en esta profesión, mientras los hombres descorchan a los 30 y alcanzan su apogeo en los 40 y 50, a las mujeres se les exige triunfar a los 20 y madurar a los 30. Yo, como empecé tarde, no he sentido ese desgaste.

¿Tampoco ha sentido la presión por parecer más joven? ¿Sigue diciendo 'no' a la cirugía estética?

Abraza el cambio o muere, esa es mi filosofía. Al fin y al cabo, todos vamos en la misma dirección, seas hombre o mujer, tengas 38 años o 60. Estoy feliz como estoy, ni siquiera me gustaría dar marcha atrás al reloj y ser más joven. No soy quién para recomendar a las mujeres lo que deben o no hacer. A mí me da miedo la cirugía estética, y creo sinceramente que a largo plazo te pasa factura.

¿Su secreto para mantenerse radiante y joven?

Mis hijos me hacen llevar una vida muy activa. Voy al gimnasio tres o cuatro veces por semana. No como carne roja. Pero tengo también mis indulgencias. Me reservo tiempo para mí, me cuido la piel de un modo natural...

¿Es cierto que ambiciona ponerse algún día detrás de la cámara?

Hay una idea que me ronda hace algún tiempo. Hay que tener una paciencia sobrehumana para ser director, y vivir cinco o seis años consagrado exclusivamente a esa idea, consiguiendo el dinero, planificando hasta el último detalle. Por eso prefiero el teatro: es más directo e instantáneo.

¿Por qué hay tan pocas directoras de cine?

Hollywood funciona como un club solo para hombres, esa es la verdad. Y es muy fácil sentirse excluida. Tengo esperanza de que tarde o temprano cambiará, pero de momento no me vienen muchos nombres a la cabeza cuando pienso en la próxima Jane Campion.

¿Cómo es Peter Jackson como director, comparado con David Fincher, Martin Scorsese y otros grandes con los que ha rodado?

Es un genio cinematográfico, con una gran capacidad para pasar de lo sublime a lo grotesco, que es sin duda la clave de El señor de los anillos. Domina el medio como pocos, pero tiene siempre esa habilidad de saber contar la historia, de no perder nunca el elemento humano en medio de toda la fantasía y la tecnología. En ese sentido me recuerda a David Fincher. He de reconocer que El curioso caso de Benjamin Button fue una película muy especial en todos los sentidos.

¿Algún otro director que le quite el sueño?

De momento, lo más inmediato es la vuelta al teatro con mi compañía de Sydney en una versión de Las criadas con Jean Genet, junto a Isabelle Huppert. Pero estoy embarcada también en una película con George Clooney (The Monuments Men). Mi idea es seguir alternando en lo posible el cine y el teatro.

En su próxima película se medirá precisamente con Daniel Craig. ¿No le gustaría coincidir algún día con el 'malo' de Bond, Javier Bardem?

Me encantaría. Es un actor asombroso, sin duda uno de mis predilectos. Su papel es lo mejor del nuevo James Bond. Ha sido capaz de catapultar 007 a otra dimensión.

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